LA DIFERENCIA ENTRE EL HIJO DE DIOS Y EL IMPÍO

Por James Meikle
Traducido al Castellano por el Hno. Ricardo Pereddo
fuentedsabiduria@hotmail.com

“Entre tanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar.” 1Timoteo 4:13

“BIENAVENTURADO el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado. Antes en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Y será como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. No así los malos: Sino como el tamo que arrebata el viento.” Salmo 1:1-4

Tanto en principio como en práctica, existe una diferencia muy amplia en entre los hijos de Dios y los impíos. Las afecciones de los piadosos son refinadas y sus deseos exaltados. Las inclinaciones de los impíos son corruptas y sus deseos indignos.

El pecado tiene una posición tambaleante y una residencia momentánea en los piadosos. Pero el pecado ha fijado su trono, y tomado su residencia eterna en los impíos.

En los hijos de Dios, la gracia y el pecado luchan por soberanía, mientras que en los impíos el pecado domina, es soberano y no hay lucha.

El santo está profundamente preocupado por el mundo que viene. El impío no tiene preocupación acerca de las realidades eternas.

El vocabulario de los justos está sazonado con la gracia de Dios. Pero el discurso de los impíos es insípido, infructuoso y vano.

El hijo de Dios tiene su esperanza establecida en Dios, el impío no tiene ningún temor de Dios ante sus ojos.

El hijo de Dios usa la Sagrada Escritura sin abusarla, el impío la adultera y la mezcla con las concupiscencias del mundo ya que es regido por Satanás.

El hijo de Dios confiesa a Dios en su vivir diario y se regocija con todo su corazón en Él. El impío en su práctica dice “…no hay Dios…” y en su corazón anhela que eso sea verdad.

El justo adora al Creador sobre todas las cosas, el impío adora “…la creatura…” comparte, practica, asimila e imita sus enseñanzas y designios.

El hijo de Dios usa el Gran Nombre de su Dios con profunda reverencia y se aparta de la iniquidad. El impío profana el Gran Nombre de Dios con descaro e insolencia y agrega iniquidad a su pecado.

El hijo de Dios redime el tiempo, el impío desperdicia el tiempo en los vicios y lascivias del mundo.

El hijo de Dios estudia su deber en obediencia a todos los preceptos dados por Dios. El impío huye de cada uno de los mandatos de Dios.

El hijo de Dios perdona a sus enemigos, el impío pone asechanza contra sus adversos.

“No así los malos: Sino como el tamo que arrebata el viento. Por tanto no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.” Salmo 1:4-6

El hijo de Dios entrega a Dios para que Él se encargue de las hostilidades que él soporta. El impío lleno de ira y tumultuoso, busca venganza.

El hijo de Dios ama la castidad en todas las cosas. El impío se ama, se deleita y se revuelca en la inmundicia del pecado.

El hijo de Dios está contento en su condición, el impío no está conforme, codicia y envidia constantemente.

El hijo de Dios es puro en su corazón, el corazón del impío es como una jaula llena de aves de rapiña.

El hijo de Dios camina en libertad en las ordenanzas de Dios, el impío es el sirviente y esclavo del pecado.

El Espíritu Santo rige el corazón del justo, Satanás rige el corazón del impío.

La palabra y conducta del hijo de Dios provienen del Dios del cielo, la palabra y conducta del impío provienen del príncipe del aire, el hijo de desobediencia, Satanás quien mora en él.

De la misma manera que existe una vasta diferencia en sus principios y practicas, ella también existe en el destino eterno de ellos.

“Por su maldad será lanzado el impío: Mas el justo en su muerte tiene esperanza.” Proverbios 14:32

Los justos se encuentras bajo la bendición del amor de Dios, los impíos se encuentran bajo la ira de Dios y la maldición de Su Ley.

Los justos, con gozo extraen agua de la fuente de salvación, la Palabra de Dios. Los impíos beben y beberán de la ira del Todopoderoso.

Los hijos de Dios pertenecen a todas las promesas grandes y preciosas del Padre Celestial. Los impíos pertenecen a todas las amenazas dadas por Su Temible Majestad y Rey de reyes.

El cielo es la residencia y el palacio del hijo de Dios, la destrucción total ó muerte eterna será la prisión del impío.

Mientras que el justo morará con Dios por la eternidad, el impío será aniquilado y destruido por siempre sin posibilidad de salvación.

De aquí que el justo y el impío están separados en sus vidas y divididos en sus muertes.

Dios los mantiene eternamente divididos, en sus principios, en sus costumbres, en sus elecciones y deseos, en sus gozos y alegrías, en sus pensamientos, en la compañía que mantienen, en su vocabulario, en sus miedos y temores, en sus expectativas, en sus pensamientos y también en su muerte.

“A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría, Al Dios solo sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amén.” Judas 24-25



Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la Antigua Versión Reina-Valera Revisión de 1909.