Ojos Mortificados

Por el Hno. Thomas Manton
Traducido al Castellano por el Hno. Ricardo Pereddo
fuentedsabiduria@hotmail.com

“Entre tanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar.” 1Timoteo 4:13

“Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino.” Salmo 119:37

Vemos aquí que la primera solicitud ó petición a Dios, es para que Él quite los impedimentos para la obediencia, y la otra para que Dios nos tenga constantes, firmes e invariables en Su Palabra de gracia.

Estas dos peticiones están bien concertadas entre si, ya que tienen una influencia natural la una sobre otra, pues: a menos que Dios aparte nuestros ojos de la vanidad, pronto contrataremos una esterilidad, impotencia y agotamiento de corazón.

Cuando nuestros afectos y sentimientos están vivos y concentrados a otras cosas fuera de la Sagrada Palabra de Dios, ellos están muertos a Dios.

“Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón.” Mateo 6:23

De esta manera, mientras por la gracia de Dios nos esforcemos a afianzarnos en Su Palabra, y por Su gracia no tengamos interés en pasar tiempo en las cosas que hacen que perdamos el corazón a ellas, más vivaz y alegre será la obra de la obediencia.

Por otro lado, mientras que por Su gracia el vigor de la gracia sea renovado más y el hábito de ella ejercitado diariamente, mas y mas el pecado es mortificado y atenuado.

Esto por lo tanto concierne a aquellos que por Su infinita gracia, caminan con Dios y como bendición Él aparta sus ojos de las cosas mundanas.

Aquel que es vivificado y lleva a cabo con vigor la vida en los caminos de Dios, debe primero ser mortificado, debe morir al pecado.

Hablando de los frutos de la muerte de Cristo, el Apóstol Pedro es inspirado a mencionar la muerte a los pecados antes de la vida a la justicia, y Dios declara:

“El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.” 1Pedro 2:24

Todo aquel que vive con Cristo, primero fue muerto a los pecados por medio del sacrificio de Cristo. De allí que cuando recibe vida, sabe que no debe vivir para el pecado.

Es imposible que el pecado y la gracia puedan subsistir en una persona que ha sido vivificada por la obra redentora de Dios.

Un gran medio de la mortificación, es la vigilancia de nuestros sentidos; nuestros ojos, nuestros oídos, nuestro gusto y nuestro tacto, para que ellos no puedan traicionar al corazón.

Lo he puesto de una manera general, porque aquel hombre de Dios que es solícito acerca de sus ojos, no será negligente acerca de sus oídos ni sus otros sentidos.

Tenemos que estar atentos y ver en todas las direcciones. Cuando un asalto o ataque se realiza sobre una ciudad, si una puerta está abierta, es como si todas estuvieran abiertas.

La entrada y la salida del pecado es por medio de los sentidos, y gran parte de nuestro peligro está ahí. Hay muchas cosas y objetos que están de acuerdo con nuestras debilidades, y debido a ello se insinúan a sí mismos al alma.

Por lo tanto, cosas que parecían ya de tiempo muertas, si nos ocupamos en ellas pronto resurgirán de nuevo y recuperaran la vida y su fuerza.

No hay medios con los cuales podamos mantener el corazón, a menos que mantengamos resguardados a los ojos. Satanás constantemente está poniendo una trampa para nosotros aquí y allá, y de esa manera quitar nuestros corazones y afectos de Dios para servicio de él.

Si el corazón es envenenado con el pecado y llega a ser un sirviente de él, también serán los sentidos de nuestro cuerpo, llegando a ser “armas de iniquidad.”

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“Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia.” Romanos 6:13

Los objetos tienen una impresión sobre aquellos que responden al temperamento y los afectos del alma, y lo que esta desea; ellos se lo dan.

De esta manera, si dejamos que los sentidos se descarríen, el corazón se quemará.

Por encima de todos los sentidos, el ojo debe estar muy resguardado. En primer lugar porque es el sentido más noble, Dios nos lo ha dado para usos muy altos.

No solo hay un ojo natural que nos informa de las cosas provechosas y dañinas para el hombre natural, sino para uso espiritual para poner frente a nosotros, aquellos objetos que nos muevan a elevar nuestras mentes a la meditación celestial.

Mientras contemplamos la perfección de la creación, podemos admirar la perfección más eminente de Aquel quien la hizo:

“LOS cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos. El un día emite palabra al otro día, Y la una noche á la otra noche declara sabiduría.” Salmo 19:1

“Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables.” Romanos 1:20

Dios claramente enseña que la perfección de la creación debería acercarnos a Él, y sus defectos nos deberían alejar de ellos mismos.

De la manera que el ojo es utilizado, llegará a ser una ayuda o una trampa. Por medio de este dejaremos entrar las chispas de la tentación, o por la gracia de Dios, se encenderá el el fuego de la verdadera devoción a Dios.

Estas son las ventanas que Dios ha puesto en la parte superior del edificio, para que el hombre por medio de ellas pueda contemplar las obras de Dios y tener una perspectiva de la maravilla del cielo.

Pero debido a que el hombre en su estado natural, con un corazón corrupto, usa los ojos para todo lo que va contrario a las órdenes dadas por Dios, en ese estado de corrupción espiritual, inadvertidamente siempre será conducido para hacer maldad.

“Y Jehová habló á Moisés, diciendo:
Habla á los hijos de Israel, y diles que se hagan pezuelos (franjas) en los remates de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada pezuelo de los remates un cordón de cárdeno:
Y serviros ha de pezuelo, para que cuando lo viereis, os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales fornicáis:”
Números 15:37-39

“Si mis pasos se apartaron del camino, Y si mi corazón se fué tras mis ojos, Y si algo se apegó á mis manos,
Siembre yo, y otro coma, Y mis verduras sean arrancadas.”
Job 31:7-8

Estos son los espías del corazón, agentes corredores para unirlo a la tentación. El ojo ve y luego por quedarse contemplando, el corazón se llena de lujuria, y de apetito desordenado hacia los deleites carnales.

Una vez que se auto-convence que es bueno, enseguida el cuerpo efectúa la transgresión. Es posible que en muchos casos, sea mucho más dañino y peligroso ver el mal, que escucharlo.

“Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.”
Mateo 5:29-30

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Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la Antigua Versión Reina-Valera Revisión de 1909.