Bautismo: La Ablución Total De Nuestros Pecados

Capítulo 5 (1 | 3 | 4 | Sumario)

Por el Hno. Harold Camping
Traducido al Castellano por el Hno. Ricardo Pereddo
fuentedsabiduria@hotmail.com

“Entretanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar.” 1Timoteo 4:13

CRISTO, NUESTRO UNICO DESCANSO

EL DESCANSO DEL SÉPTIMO DÍA

Para subrayar y resaltar esta extremadamente importante verdad, Dios al principio del tiempo presentó un mandamiento que fue una señal que apuntaba a esta eternamente significativa verdad.

La señal fue la del Sábado, el séptimo día. Después de que Dios hubo trabajado por seis días para crear el universo, Él descansó en el día Séptimo.

“De allí que cuando Dios dio la Ley a Moisés en el monte Sinaí, también dio mucha más información concerniente a este descanso del día Sábado.
Tan importante fue este precepto u ordenanza ceremonial, que Dios lo hizo parte de los diez mandamientos.”

En Éxodo 20 Dios dio la razón por la cual se debía recordar el séptimo día en el cual no debía realizarse ninguna clase de obra. La razón fue porque Dios descansó en el séptimo día de Su obra de la creación del universo.

Pero en Deuteronomio 5, donde Dios dio la segunda pronunciación de los 10 mandamientos, Dios da otra razón por la cual no se debía hacer ninguna clase de obra en el séptimo día.

Dios registra: “Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido: por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día del reposo.” Deuteronomio 5:15

¿Qué significado tiene esto? Primeramente debemos recordar que la esclavitud de la nación de Israel en Egipto bajo la tiranía de Faraón, es un retrato o representación de nuestra condición espiritual antes que Dios nos de salvación.

Estar en Egipto es una representación figurativa de estar bajo la esclavitud del pecado y ser un prisionero de Satanás, el cual es tipificado por Faraón.

Esta es la razón por la que en ambas narraciones ( Éxodo 20 y Deuteronomio 5) Dios abordó el tema de los 10 mandamientos con aquellos a quienes él había sacado de la casa de Egipto de la casa de esclavitud a aquellos que creen que han sido salvados.

“Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos.” Deuteronomio 5:6

En otras palabras, Dios espera que los 10 mandamientos sean obedecidos por aquellos a quienes Él ha salvado.

Dios enfatiza este principio aun mas por medio del 4to mandamiento, donde subraya la verdad de que fue Dios [y solo Dios] quien sacó a Israel de Egipto por medio de Su “…mano fuerte y brazo extendido…”

La liberación física de Israel de la esclavitud de Egipto, fue en su totalidad la obra de Dios. La liberación de Su pueblo, fue sola y exclusivamente por Su fuerza. La nación de Israel no podía tomar ningún honor o reconocimiento ni en lo mas mínimo.

De aquí que Dios nos está enseñando que la obra de salvación en su totalidad, es la obra de Dios. Nosotros no podemos aportar absolutamente nada.

La misma verdad brilló de la misma manera cuando aprendimos del relato de la resurrección de Lázaro. Para subrayar la enseñanza del cuarto mandamiento, Dios agrega:

“Y tú hablarás á los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.
Así que guardaréis el sábado, porque santo es á vosotros: el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos.
Seis días se hará obra, mas el día séptimo es sábado de reposo consagrado á Jehová; cualquiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente.
Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo:
Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó.”
Éxodo 31:13-17

Nota el verso 13 donde Dios declara: “…para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.”

De allí, nota el verso 14 donde Dios declara que el Sábado es santo y que: “…el que lo profanare, de cierto morirá…” Esta advertencia solemne es subrayada cuando Dios la repite en el verso 15.

“En los versos 16-17, Dios recalca que la señal del séptimo día entre el hombre y Dios debe ser observada perpetuamente.
Dios es claro que ella debe ser observaba para siempre; esta es una señal perdurable.”

En estos versos Dios está enfatizando una Ley que es considerablemente importante. En esta Ley Dios acentúa y subraya, que lo solamente es Él, quien es el que ha provisto todo lo que se necesita para nuestra salvación.

No debemos aprobar o tolerar ni por un momento la idea de que nuestra obra o nuestro esfuerzo ayudó a salvarnos. Tanto ahora como a través de la eternidad futura, sabremos que la obra de nuestra salvación fue enteramente la obra de Dios.

EL DÍA SÁBADO, UNA LEY CEREMONIAL

Este principio es tan importante que Dios ubicó la Ley ceremonial concerniente al descanso del séptimo día sábado, dentro del decálogo.

El séptimo día sábado fue una señal o Ley ceremonial del Antiguo Testamento que apuntaba al hecho de que no debemos tratar de hacer ninguna obra para ser salvos.

En lugar de eso, debemos confiar enteramente en la obra que Cristo llevó a cabo para salvarnos.

Al igual que las otras leyes que Dios dio en el Antiguo Testamento que señalaban varios aspectos de la salvación, el día Sábado no debe ser observado físicamente como tampoco observamos los holocaustos, los sacrificios o la pascua.

Dios nos asegura que esto es así por las declaraciones siguientes:

“Por tanto, nadie os juzgue en comida, ó en bebida, ó en parte de día de fiesta, ó de nueva luna, ó de sábados:
Lo cual es la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo.”
Colosenses 2:16-17

Notemos cuidadosamente que a pesar del tremendo énfasis en mantener estas leyes del Antiguo Testamento, Dios las denomina “…sombras…”.

En otras palabras, ellas son señales que apuntaban a lo que realmente es sustantivo, lo cual es la obra que Cristo llevó a cabo para proveer salvación á los suyos.

Estas señales que debían ser observadas antes del tiempo de la cruz, fueron sombras o representaciones. De esta manera, ellas no aportaron absolutamente nada para nuestra salvación. Ellas no tenían ningún poder ni sustancia de salvación.

No obstante pongamos mucha atención, al hecho de que a través de la era del Nuevo Testamento debemos recordar constantemente la señal del día Sábado, ya que por medio de ella, Dios nos advierte que nuestra salvación es en su totalidad la obra de Cristo.

No debemos pensar ni por un momento que alguna obra que nosotros hagamos, o algún esfuerzo que nosotros despleguemos podría ser acreditado hacia nuestra salvación.

Esta es la razón por la que es espiritualmente saludable leer repetidamente los diez mandamientos.

Cuando leemos el 4to mandamiento, Dios no nos da ninguna clase de instrucción de cómo debemos mantener el día santo del Señor, el nuevo "Sábado" del Nuevo Testamento.

El día que Cristo resucitó de la tumba, Él indicó que la era de la observación física del día Sábado había llegado a su fin, pero que el Domingo era el comienzo de la nueva era de los sábados.

Aquellos domingos sabatinos no son señales ni sombras. Dios explica en el libro a Isaías, que el día Domingo es un día santo y no debe ser usado para perseguir, buscar o ejercer nuestra voluntad o nuestros placeres.

“Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras:
Entonces te delelitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré á comer la heredad de Jacob tu padre: porque la boca de Jehová lo ha hablado.”
Isaías 58:13-14

En lugar de buscar nuestra voluntad y placeres, mientras leemos sobre el séptimo día sábado, estamos recibiendo un recordatorio constante de que ninguna obra elaborada o ejecutada por nosotros, puede ser o formar parte del proceso de salvación.

Las buenas obras que hacemos después de que Dios nos da Su salvación, son simplemente la evidencia de que Dios ha hecho Su obra redentora en nosotros.

RECOGIENDO LEÑA

La tremenda importancia de la Ley concerniente a la observación del Sábado del séptimo día, es acentuada por Dios al registrar un incidente en Números 15.

De este registro, Dios nos permite aprender que hubo un israelita que recogió leña en el día Sábado.

“Desde el punto de vista humano, podemos decir que esta infracción de la Ley de Dios que decretaba que una persona no debía hacer obra en el día Sábado, fue muy pequeña.”

Este hombre simplemente “…recogía leña en día de sábado.” él no hizo una fogata, él no edificó ninguna cosa, y de lo que podemos ver, en cualquier otro punto este hombre observaba el día Sábado.

Podemos decir con seguridad que la energía que él gastó recogiendo los trozos de madera, probablemente fue imperceptible. Posiblemente quería tomarlos antes que otro los viera.

No sabemos la razón por la que hizo esto, pero lo hizo.

Entonces Moisés preguntó a Jehová sobre qué clase de castigo debía asignar contra el hombre que violó tan ligeramente el Sábado que Dios había ordenado.

Dios da un juicio específico y registra:

“Y Jehová dijo á Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo con piedras toda la congregación fuera del campo.” Números 15:35

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La orden de Dios fue tan insistente, que leemos mas adelante:

“Entonces lo sacó la congregación fuera del campo, y apedreáronlo con piedras, y murió; como Jehová mandó á Moisés.” Números 15:36

¿Por qué registra Dios este incidente traumático? Con seguridad es para subrayar la verdad espiritual de que si nosotros de alguna manera tratamos de agregar nuestra obra a la obra que Cristo ya hizo para salvar a Sus escogidos, todavía nos encontramos sujetos al juicio de Dios.

Esta es una advertencia tremenda del hecho de que nosotros somos salvos solamente por medio de Su gracia.

Nunca debemos mantener, aprobar ni siquiera tolerar ninguna doctrina que hace o enseña que nuestro esfuerzo u obra no importa que tan pequeña sea, fue algo que asistió a nuestra salvación.

“Con esta advertencia solemne en nuestros oídos, señalamos que las personas que creen que ellos han recibido salvación debido a que ellos aceptaron a Cristo, deben temblar de miedo.”

De la misma manera, esta advertencia va a todo aquel que cree que el bautismo por medio de agua es una condición que tuvo que cumplir o satisfacer para recibir salvación.

Esta advertencia también se aplica sobre todo aquel que cree que tuvo que llegar a ser digno o suficientemente bueno para llegar a ser salvo.

Cualquiera o todas estas clases de doctrinas o prácticas, ponen a estas personas en el mismo peligro en el que se encontró el hombre que recogió la leña en el día de descanso.

La gente que sostiene, practica o mantiene estas ideas, todavía se encuentran bajo la ira de Dios.

LAS SEÑALES DEL ANTIGUO TESTAMENTO QUE DEBÍAN OBSERVARSE, NUNCA FUERON LLAMADAS SELLOS

Esto nos trae de regreso a la cuestión del bautismo en agua y la cena del Señor siendo sellos como también señales.

Significantemente, Dios nunca denominó como sello a las tremendamente importantes leyes concernientes al Sábado.

Debemos estar emocionados o enternecidos por las tantas referencias que enseñan la importancia de no hacer ninguna obra en ese día.

Notemos que curiosamente Dios las llama una señal y en el Nuevo Testamento las denomina una sobra. Pero Dios nunca las designa como sellos.

Así mismo, a todas las otras leyes importantes concernientes a cosas como los días de fiesta, sacrificios, la pascua, etc. Dios nunca las denomina como sellos pero si como sombras, por ejemplo:

“Por tanto, nadie os juzgue en comida, ó en bebida, ó en parte de día de fiesta, ó de nueva luna, ó de sábados:
Lo cual es la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo.”
Colosenses 2:16-17

Además Dios registra:

“PORQUE la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos á los que se allegan.” Hebreos 10:1

Dios en este pasaje una vez mas enfatiza que estas importantes leyes ceremoniales, son sombras o representaciones.

¿Por qué es que Dios no las denominó o llamó sellos? Porque como vimos anteriormente, un sello indica sustancia. Dios declara que el verdadero creyente es sellado por el Espíritu Santo.

“En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” Efesios 1:13

Eso significa que una parte integral de Su obra de salvación, es sellar a Su escogido con el Espíritu Santo quien viene a morar dentro de él y le da vida eterna y una nueva alma resucitada.

Este sello con el Espíritu Santo es la prenda o depósito que garantiza que Él culminará nuestra salvación. Pero es Dios quien lleva a cabo toda la obra de salvarnos, nosotros no contribuimos nada.

De esta manera Dios permite que entendamos el por qué Él nunca denomina el bautismo en agua o la cena del Señor como un sello.

Estas actividades que hacíamos durante la era de la iglesia institucional corporativa, son sombras o señales que apuntan a los gloriosos aspectos de la salvación, donde Dios ya ha hecho todo lo que se necesita para salvarnos.

“Algunos estarán de acuerdo que el bautismo en agua no puede ser ninguna clase de sello o garantía de la persona que es bautizada.
Pero ellos sostienen y defienden que el bautismo es un sello o garantía de que Dios llevará a cabo Sus promesas de salvación para Sus elegidos.”

Examinemos esta aseveración:

La palabra sello de acuerdo a como es usada comúnmente en unión a acuerdos, la convierte en un instrumento legal colocado en un acuerdo por la persona que ejecuta el acuerdo.

Ella efectivamente autentifica o valida la firma del que firma el acuerdo, de allí garantizando que los términos y condiciones del acuerdo se llevarán a cabo.

El acuerdo o convenio que se identifica con la salvación, es el Convenio o Pacto de gracia. El Único Signatario o Suscritor de ese acuerdo es el mismo Dios, y Él autentifica o valida Su firma al aplicar Su Sello en el.

Solamente Él puede firmar el Convenio de gracia porque solo Él es el Autor de ese Convenio. Ningún ser humano puede firmar ese Convenio porque los humanos de ninguna manera son los ejecutantes del Convenio de gracia.

El bautismo en agua es un acto que nosotros llevamos a cabo, entonces de ninguna manera puede ser un sello para ningún aspecto de nuestra salvación.

Me temo que aquellos que tratan vehementemente de retener la idea de que el bautismo en agua es un sello, están influenciados en parte por los credos reformistas de los fundadores, los cuales son puestos en alta consideración y respeto.

Mientras que estos credos en conjunto son declaraciones correctas de muchas importantes verdades de la Biblia y han servido a la iglesia bastante bien por cientos de años, debemos recordar que ellos no son infalibles.

Estos credos no fueron inspirados por Dios como la Biblia.

De esta manera, nunca debemos olvidar que estas enseñanzas están sujetas a la autoridad de la Biblia y la Biblia no aprobará ni tolerará la idea de que alguna señal o sombra ceremonial que apunte a algún aspecto de la salvación, pueda ser un sello o garantía.

Nunca ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, llamó o denominó Dios como sello o garantía a alguna ceremonia.

Esto es porque la ceremonia se lleva a cabo por medio de nuestra acción, por nuestra obra. Esto es cierto de los sacrificios u ofrendas quemadas, la circuncisión física, los lavados ceremoniales, la celebración de la pascua y otros días festivos, el bautismo en agua y la cena del Señor.

Todos estos fueron ordenados por Dios, pero ninguno de ellos fue denominado como un sello o garantía. Claramente vemos que los autores de los credos entendieron mal el significado de Romanos 4:11.

Mientras que ellos ciertamente entendieron con claridad que nunca ninguna obra de nuestra parte puede contribuir hacia nuestra salvación, ellos fallan y no se dan cuenta que al denominar como sellos a los sacramentos como también a las señales, ellos convierten un aspecto de nuestras obras a una contribución de nuestra salvación.

Aquellos que sostienen que estos credos son fieles y autoritativos, despliegan un desgano, grima o reticencia definida para admitir que estos credos pueden estar errados en algún punto.

Me temo que parte de esta antipatía, desazón, desagrado e irritación es porque ellos definitivamente no quieren que el lenguaje concerniente a esos sacramentos o credos, sea cambiado de alguna manera.

En otras palabras, si alguna parte de sus credos obliga un cambio ya que no es tan certera ni fiel como debería ser, entonces es posible que el lenguaje que los denomina como sellos y señales también deba ser cambiado.

También, a pesar de que frecuentemente algunos protestan fuertemente de que las obras no tienen ninguna parte en la salvación de sus hijos, ellos acogen rápidamente la enseñanza de que el bautismo en agua es una señal y un sello.

A estas personas les agrada que los sacramentos, doctrinas o credos sean llamados señales y sellos porque ello implica que el acto del bautismo en agua de alguna manera es algo más que una sombra o señal.

“De alguna manera este garantiza algo espiritual valioso en la vida del que es bautizado.
Muchos creyentes que se apoyan en estas doctrinas y poseen un hijo desobediente, insubordinado y rebelde, confían en el hecho de que aquel retoño fue bautizado cuando fue un infante.”

Después de todo, ellos razonan, ¿no enseña la doctrina de mi congregación que el bautismo en agua es un sello? y ¿no es un sello una clase de garantía?

Sin darse cuenta, ellos se han situado sobre la misma conclusión que tuvo la nación de Israel, los cuales pusieron su confianza en la circuncisión física y Dios advierte:

“Y otra vez vuelvo á protestar á todo hombre que se circuncidare, que está obligado á hacer toda la ley.
Vacíos sois de Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.”
Gálatas 5:3-4

Además, Dios explica:

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad.” Gálatas 5:6

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Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la Antigua Versió;n Reina-Valera Revisió;n de 1909.