Bautismo: La Ablución Total De Nuestros Pecados

Capítulo 1 (1 | 2 | 3 | 5 | 6 | Sumario)

Por el Hno. Harold Camping
Traducido al Castellano por el Hno. Ricardo Pereddo
fuentedsabiduria@hotmail.com

“Entre tanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar.” 1Timoteo 4:13

ANTES DE OFRECER EL SACRIFICIO, CRISTO DEBIA SER PURIFICADO Y UNGIDO

Posiblemente Juan el Bautista escogió el río Jordán porque es el río donde Naamán fue curado de su lepra. ¿Recuerdas cuando Naamán el leproso proveniente de Siria, vino a Eliseo para ser curado?

Eliseo le ordenó que se lavara siete veces en el río Jordán y entonces sería limpio: “Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y paróse á las puertas de la casa de Eliseo.
Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.”
2Reyes 5:9-10

Dios usó la enfermedad de la lepra como tipo o representación del pecado. La sanidad de Naamán lavándose en el río Jordán, fue un tipo o signo que apuntaba a la total ablución de nuestros pecados.

EL RIO JORDÁN: UNA REPRESENTACION DEL INFIERNO

Otra razón convincente o poderosa por la cual Juan el Bautista estuvo bautizando en el río Jordán, es porque el río Jordán algunas veces es usado por Dios como una figura o representación del infierno.

¿Recuerdas cuando la nación de Israel fue a la tierra de Canaán? el río se estaba desbordando, sin embargo la nación de Israel pasó a través del río en tierra seca.

Los sacerdotes con el arca estuvieron en el fondo del río cuando Israel cruzó. El arca representó al Señor Jesús, quien soportó el infierno a nuestro favor y de esta manera nos permitió que pasásemos a través del infierno sin ser tocados por la ira de Dios.

“Cuando Jesús fue bautizado (lavado) en el río Jordán, ello enfatizó que Él debía soportar la ira de Dios (la cual es personificada por el río Jordán) para que nosotros fuésemos lavados de nuestros pecados, los cuales habían sido imputados sobre Él.”

De la misma manera, la gente que fue bautizada en el Jordán por Juan el Bautista y por los apóstoles, estaban siendo recordados que debido a sus pecados, ellos se encontraban bajo la ira de Dios.

Y que solo después que ellos hayan soportado la totalidad de la ira de Dios, la eterna condenación de Dios (figurada por el río Jordán) es que podían llegar a ser lavados o purificados de sus pecados.

Este lavado o bautismo en el río Jordán representó la necesidad que ellos tenían de que alguien quitara, cargara y llevara sus pecados. Este bautismo señalaba el hecho de que ellos necesitaban un Salvador.

Regresando a Juan el Bautista, Jesús estaba apareciendo en la escena. De la misma manera que el sacerdote debía lavarse, para así presentarse santo delante de Jehová, el Señor Jesús como hemos aprendido, tuvo que ser lavado o purificado ceremonialmente.

El lavado, limpieza o purificación ceremonial de Jesús para poder ofrecer el Cordero del sacrificio por nuestros pecados, se llevó a cabo al ser bautizado por Juan.

Si Jesús no hubiese sido bautizado, Él no hubiese estado cualificado para continuar como el Sumo Sacerdote quien ofrecería el Cordero del sacrificio.

Jesús no usó atajos en Su obra de ser el Eterno Sumo Sacerdote, pues para: “…cumplir toda justicia…” Mateo 3:15 Cristo necesitó ser lavado. Cristo necesitó ser purificado antes de ofrecer el Cordero del sacrificio de la misma manera que el sacerdote del Antiguo Testamento debía lavar sus manos y sus pies antes de ofrecer el sacrificio.

Este bautismo fue una ceremonia necesaria porque ella apuntaba al hecho de que Jesús estaba cubierto con los pecados de todos aquellos a los cuales Él vino a salvar. De alguna manera Él debía ser lavado de estos pecados.

JESÚS ES UNGIDO

Ahora, Jesús ha sido lavado, purificado; pero Él todavía no podía ofrecer el sacrificio. Una acción más debía tomar lugar. En el Antiguo Testamento los sacerdotes debían ser ungidos con aceite después que ellos se habían lavado.

De aquí que ellos eran consagrados para servir como sacerdotes:

“Habló más Jehová á Moisés, diciendo:
Y tú has de tomar de las principales drogas; de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos y cincuenta, y de cálamo aromático doscientos y cincuenta,
Y de casia quinientos, al peso del santuario, y de aceite de olivas un hin:
Y harás de ello el aceite de la santa unción, superior ungüento, obra de perfumador, el cual será el aceite de la unción sagrada.
Con él ungirás el tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio,
Y la mesa, y todos sus vasos, y el candelero, y todos sus vasos, y el altar del perfume,
Y el altar del holocausto, todos sus vasos, y la fuente y su basa.
Así los consagrarás, y serán cosas santísimas: todo lo que tocare en ellos, será santificado.
Ungirás también á Aarón y á sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes.
Y hablarás á los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras edades.”
Éxodo 30:22-31

El aceite usado en el Antiguo Testamento, fue un símbolo o representación del Espíritu Santo viniendo sobre el sacerdote para cualificarlo para la tarea sagrada que él debía llevar a cabo.

Pero el Señor Jesús es Dios, y ya que es Dios, Él está completamente identificado con el Espíritu Santo, pues Dios declara: “Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente:” Colosenses 2:9

Entonces, ¿por qué debe Él ser ungido con el Espíritu Santo? Recordemos que Él había llegado a ser pecado por nosotros. Él se había identificado completamente con la humanidad pecadora, Él debía seguir la senda del sacerdote del Antiguo Testamento.

Debido a que Él es el Eterno Sumo Sacerdote, la unción no debía ser con aceite el cual es simplemente un símbolo de la unción dada por el Espíritu Santo.

Cristo fue ungido con el mismo Espíritu Santo en presencia de los que estaban presentes. Los cielos se abrieron a medida que Él subía de las aguas y Dios registra:

“Y Jesús, después que fué bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.” Mateo 3:16

Cristo fue ungido para Su obra. Dios inspira a Pedro a declarar: “Cuanto á Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando á todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él.” Hechos 10:38

Después que Cristo fue purificado y ungido, Él estaba listo para ofrecer el Cordero del Sacrificio a nuestro favor por nuestros pecados.

Hasta ahora hemos descubierto que lavando con agua fue una de las maneras de llegar a estar ceremonialmente limpio de pecados de acuerdo con la ley del Antiguo Testamento.

“Además, hemos determinado que la palabra bautismo en las Sagradas Escrituras, significa lavar, purificar o limpieza.
El bautismo de Juan el Bautista fue muy similar, pero de mucha mas intensidad que los lavados o purificaciones ceremoniales del Antiguo Testamento.”

Además el bautismo de Juan fue usado por Dios para preparar ceremonialmente al Señor Jesús para Su obra como nuestro Eterno Sumo Sacerdote.

JESÚS ES PURIFICADO DE NUESTROS PECADOS

Para continuar nuestro estudio del significado del bautismo del Nuevo Testamento, debemos dar otro vistazo al Señor Jesús. Como hemos visto, Él llegó a estar de la manera que Dios lo registra:

“Al que no conoció pecado, [Dios lo] hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” 2Corintios 5:21

Fue como si Él hubiese tomado sobre Él los pecados y fue culpable de los pecados de cada pecador de este mundo quienes creerían en Él.

Él tuvo que confrontar una enorme cantidad de pecados, una formidable, monumental cantidad de pecados. Para satisfacer la infinita y perfecta santidad y justicia de Dios, Él tuvo que pagar la penalidad que fue equivalente o igual a la muerte eterna por cada pecador a quien Él vino a salvar.

¿Cómo iba a ser limpiado Cristo de esta monumental cantidad de pecados? Un requisito básico fue aquel que declara que debe haber derramamiento de sangre, pues sin derramamiento de sangre no podía haber remisión de pecados.

De esta manera, Su sangre debía ser vertida. Esto significa que Él debía dar Su Vida en el sentido más grande de sufrir el castigo merecido por todos aquellos que Él vino a salvar.

Ese castigo debía ser igual a la condenación eterna a favor de cada verdadero creyente. Su muerte fue requerida y como aprendimos anteriormente, esta fue la segunda muerte, la cual fue requerida.

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Él tuvo que sufrir los tormentos del infierno en una base equivalente a aquel requerido de todo aquel que Él había elegido para salvación, el cual es el de pasar la eternidad en el infierno.

Él debía ofrecerse como aquel sobre el cual la ira de Dios debía ser derramada. Dios describe o tipifica al infierno como: “…el horno de fuego…” Jesús declaró: “Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.” Mateo 13:42

De aquí que las representaciones o sombras del Antiguo Testamento, (las cuales fueron el derramamiento de sangre y las ofrendas quemadas) fueron cumplidas en su totalidad por Cristo mientras Él vertió Su sangre y se dio a Sí mismo como el Sacrificio para el holocausto y de esta manera ser castigado por el fuego del infierno.

Es por eso que no nos sorprende que el Señor Jesús declare: “Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?
Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!”
Lucas 12:49-50

El fuego que debía ser encendido fue aquel que Él debía soportar al ofrecerse a Sí mismo como el Cordero del sacrificio.

“Debido a que Él había tomado nuestros pecados sobre Él, Él debía ser purificado o lavado.
De esta manera con certeza Él denomina como bautismo el sacrificio por los pecados, pues Su sacrificio es una limpieza o purificación para todos los verdaderos creyentes.”

No olvides que las Santas Escrituras nos enseñan que los pecados de los elegidos fueron puestos sobre Él:

“Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”
Isaías 53:5-6

De aquí que una vez que Cristo tomó la naturaleza humana, fue cubierto con una tremenda carga de pecados a pesar de que Él mismo se mantuvo sin pecado, y Dios registra esto así:

“Al que no conoció pecado, [Dios lo] hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” 2Corintios 5:21

¿CÓMO FUE PURIFICADO JESÚS?

¿Cómo fue que el Señor Jesús quitó estos pecados que estaban sobre Él? Estos pecados debían ser lavados, pero ¿cómo?

¿Podía Dios por medio de Su propio mandato divino simplemente remover todos los pecados y culpas que estaban sobre Él? La respuesta es un enfático ¡No! Esa acción hubiese sido una terrible violación de la perfecta justicia de Dios.

La única manera que esos pecados podían ser removidos fue por medio de la cual el Señor Jesús soportara la totalidad de la ira de Dios que era demandada por la Ley de Dios como pago por los pecados.

Solamente si el pago demandado por la ley de Dios era pagado en su totalidad, podía el Señor Jesús entrar otra vez al santo cielo de Dios. El mismo Señor habla sobre esto así:

“Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?
Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!”
Lucas 12:49-50

En el verso 49, Dios declara que el Señor Jesús vino a meter fuego en la tierra. La palabra “…fuego…” en la Biblia, invariablemente señala al juicio de Dios sobre el pecado.

Cristo debía experimentar el juicio de Dios para poder ser libre de la enorme carga de pecados que habían sido puestos sobre Él.

En este verso, Él declara que el hecho de experimentar el juicio de Dios debía empezar pronto. De esta manera como hemos aprendido, Él enfatiza en el verso 50 que Él tiene un bautismo (no olvidemos que la palabra “bautismo” siempre significa lavar, limpiar o purificar) con el cual debía ser bautizado o lavado; y que Él está angustiado (apresurado o presionado) “…hasta que sea cumplido.”

Sea enfatizado, que la única manera que Cristo podía obtener purificación o ablución de todos los pecados que estaban sobre Él era soportando la totalidad de la ira de Dios demandada por la Ley de Dios como pago por los pecados.

Este es el lavado (el bautismo) que Él desea. Solamente si esos pecados son lavados completamente, Él podía regresar al cielo. Entonces, ahora podemos entender lo que el Señor Jesús dice a Jacobo y a Juan cuando declara:

“Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, ó ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?
Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que soy bautizado, seréis bautizados.”
Marcos 10:38-39

El Señor Jesús declara a estos 2 discípulos quienes representan a todos los verdaderos creyentes, que ellos debían beber de la copa de la ira que Él tomó, y que ellos debían ser bautizados con el bautismo con el cual Él fue bautizado.

¿Cómo debemos entender esto? Sabemos que la copa que el Señor Jesús debía beber fue la copa de la ira de Dios, la cual fue derramada sobre Jesús como pago por todos los pecados que fueron puestos sobre Él.

Pero ¿experimentan los verdaderos creyentes la ira de Dios? Da la impresión que este es el caso, ya que el Señor Jesús declara: “…A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis…”

La respuesta a estas preguntas puede ser entendida cuando Dios nos permite ver que el Señor Jesús sufrió la ira de Dios como nuestro substituto, como nuestro representante.

Cuando Dios derramó Su justa ira sobre Jesús, fue como si Él la hubiese estado derramando sobre cada individuo cuyos pecados habían sido puestos sobre el Señor Jesús.

De aquí que, cuando Jesús hubo sufrido la totalidad de la ira de Dios, significó que aquellos cuyos pecados fueron puestos sobre el Señor Jesús, también habían soportado o sufrido la totalidad de la ira de Dios como paga por sus pecados.

Cuando Jesús pagó por aquellos pecados, aquellos pecados fueron lavados completamente del Señor Jesús. Ellos también fueron lavados completamente de aquellos por quienes Él vino a morir, pues fueron los pecados de estos los cuales fueron lavados del Señor Jesús.

Esa es la razón por la cual las Sagradas Escrituras registran: “AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu.” Romanos 8:1

Ahora podemos entender la frase que Dios registra cuando dice: “…y del bautismo [purificación] de que soy bautizado, [purificado] seréis bautizados [purificados] .” Marcos 10:39

“Con la total ablución de los pecados que habían sido puestos sobre el Señor Jesús, nosotros también hemos sido purificados de nuestros pecados.
Esto es así porque el Señor Jesús pagó totalmente por aquellos pecados.”

Nosotros los que creemos en Él hemos tenido nuestros pecados lavados (bautizados) totalmente.

NOSOTROS SOMOS BAUTIZADOS EN SU MUERTE

Por la gracia de Dios, ahora podemos entender estos versos:

“¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?
Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
Porque si fuimos plantados juntamente en él á la semejanza de su muerte, así también lo seremos á la de su resurrección:
Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado.”
Romanos 6:3-6

El bautismo al cual Dios se refiere en estos versos, no representa al bautismo por medio de agua como regularmente se cree. Este bautismo describe la purificación que Jesús experimentó cuando Él soportó la penalidad de la ira de Dios por nuestros pecados.

Nosotros fuimos bautizados (lavados) “…en Cristo Jesús…” Esto es en Su muerte porque entre los pecados que fueron imputados sobre Él (si soy un verdadero creyente) estaban incluidos mis pecados.

Él fue purificado o lavado de ellos al soportar la segunda muerte, la condenación eterna. De aquí que estos fueron mis pecados, fui yo (si soy un verdadero creyente) quien fue bautizado (lavado) o purificado de esos pecados, ¡Amén!

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Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la Antigua Versión Reina-Valera Revisión de 1909.